Aprender del Fracaso

Detrás de cada titular de periódico sobre la tasa de desempleo, fracaso empresarial, o reducción de órdenes de compra en las fábricas hay algo más que simplemente malos números. En cada uno de estos casos, un empleado está sentado en su casa preguntándose qué hacer a continuación, o cómo explicarle el fracaso a su jefe.

En la actual economía mundial, el fracaso parece estar acechando los pasillos de las empresas como la peste negra. Como una enfermedad medieval, el fracaso puede destruir ciudades enteras. Y no hay nada que podamos hacer para prevenir su avance. Pero he aquí una luz en el final del túnel: Se puede aprender del fracaso. De hecho, podría ser el mejor maestro. El fracaso, y la habilidad de aprender de las lecciones más duras, son la única forma de maximizar nuestro potencial.

El fracaso es como el Sr. Miagai en Karate Kid. No siempre sabes lo que te está enseñando, pero luego te das cuenta que te ha transformado en una persona totalmente diferente. Si consigues descifrar cómo tienes que aprender de él, te preparará para triunfar de formas que hoy aún no conoces.

¿Cómo se puede aprender del fracaso?

Antes de empezar, imagina que estás en un submarino. Tu objetivo es llegar hasta el otro extremo del submarino, donde habrás aprendido de los reveses y te habrás reinventado a ti mismo. A medida que avanzas, irás cerrando compartimientos detrás tuyo. Si alguna vez has estado en un submarino o has visto películas de submarinos, sabes lo herméticas que son las compuertas que cierran los compartimientos. Es imposible romper una de esas puertas. Cuando dejas un compartimiento, lo dejas atrás para siempre. Así que asegúrate estar listo cuando lo dejes atrás.

He aquí cuatro pasos:

1. Sumérgete en la derrota: estabas yendo detrás de un deseo que ha sido aplastado. El fracaso nos retorna a cuando éramos niños: “Sólo intentaba ayudar, y me salió mal.” Hay un componente básico en el procesamiento de un revés, que si no lo cumples, la experiencia permanecerá como una herida abierta. Sumérgete en la derrota, y en cuan injusta se siente. Llegará un momento – un minuto, una hora, o una semana- en que la habrás superado. Sólo entonces podrás cerrar el compartimiento del submarino y seguir adelante. Cuando lo dejes, te dirás que ya has terminado de estar sumergido (duelo) y no te permitirás volver para atrás.

2. Retira la cinta de la policía

Nuestra cultura adversa al fracaso, nos enseña que no debemos fracasar nunca. Cuando lo hacemos, nuestra mente reacciona rápidamente para limitar futuros fracasos. La mejor analogía es la cinta de la policía en la escena del crimen. Pero cuando se trata de fracasos, la cinta de la policía no se quita nunca más y permanece para siempre. Hay personas con áreas de su vida selladas por la cinta de la policía, porque no están dispuestos a asumir riesgos, no confían en la gente y se retiran. Son “almas empalidecidas”, no fracasan más porque ni siquiera lo intentan nuevamente.

He aquí algunos ejemplos de “cinta de policía” post fracaso:

  • Ya no ayudaré a otra persona, porque terminaré apuñalado por la espalda otra vez.
  • Ya nunca creeré a un jefe nuevamente, mienten y después no te apoyan.
  • Esta es la última vez que le digo la verdad a un cliente.

El punto es darse cuenta que no hay salida fácil de un fracaso, y si te la juegas nuevamente, volverás a estar en la misma situación. Cuando se trata de fracasos, las soluciones fáciles son malas soluciones. Encontrar cada una de las cintas policiales que hemos colocado y quitarlas, significa que estamos preparados para volver a fracasar. Una vez quitadas cada una de las cintas policiales, cierra el compartimiento de atrás, queriendo decir que no pondrás las cintas policiales nunca más, y avanza al punto tres.

3. Encuentra que parte tuya fue responsable del revés, y trabaja de nuevo este rol.

Todos tenemos alguna parte arrogante en nuestra personalidad, alguna parte que sabe escuchar, que trabaja duro, que es optimista hasta la ceguera. El fracaso duele porque hemos puesto lo mejor que teníamos y vimos como fue aplastado.

Profundiza sobre las duras lecciones que nos dejó la experiencia del fracaso. He aquí algunos ejemplos:

  • Fui arrogante, y eso me pudo haber costado el éxito. La próxima vez, necesito poner todo mi entusiasmo en las nuevas oportunidades.
  • Estaba tan convencido que había conseguido el empleo, que en realidad no hice el esfuerzo que se necesitaba para finalmente obtenerlo. Pensé que no era necesario probar nada a nadie, pero estaba equivocado. No cometeré este error nuevamente.
  • He ignorado a mi familia para alcanzar una meta en mi carrera profesional, y al final, mi carrera no me da el amor que me da mi familia. No puedo olvidar que todo esto es por ellos.
  • No hice todo mi esfuerzo para salvar mi pellejo por si algo no salía bien. Desearía haber puesto todo. La próxima vez dejaré todo.
  • He elevado las expectativas de la gente y los he dejado varados. Tengo que poner algunas cosas en orden. No volveré a cometer este error.

4. Sal con claridad del fracaso, y lo que has aprendido de él. Coméntale, al menos, a tres personas sobre el revés que has tenido, las lecciones que has aprendido y tu intención de seguir adelante. Si haces esto por buenas razones –compartir una dura lección de la que has aprendido mucho- verás como resultado que tu reputación se incrementará. No es sorpresa que las personas que aprenden de los fracasos frecuentemente son vistas como empáticas, carismáticas y líderes naturales.

Si realmente quieres dominar el arte del aprendizaje a través del fracaso, después de repasar estos 4 pasos, encuentra a alguien alrededor tuyo y pregunta si le puedes ayudar. Si dicen que si, enséñales estos pasos incluyendo lo de contarle a otros sobre la experiencia. El aprendizaje es muy alto durante el fracaso, y el liderazgo se basa en el aprendizaje. Si lideras a otros en este camino, crearás grupos de gente con ideas, sabia y con recursos suficientes como para hacer prácticamente cualquier cosa.

Sugiero que guarden este artículo y vuelvan cada vez que sientan una decepción por perder un cliente, un sorpresivo despido del trabajo, una oportunidad perdida, una inversión mal hecha, o cuando se termina una relación afectiva.

¿Alguna vez has fallado y aprendido una lección de ello?

Montevideo, 11 de septiembre de 2014

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