El Viaje hacia el Descubrimiento

La mayoría de las Organizaciones con las que trabajamos en KEMP, se ven en estos momentos sumergidas en un proceso de cambio, con la pasiva resignación de las personas, que lo toleran considerándolo una “transición”, pero sin asumir necesariamente la imperiosa necesidad de “transformación”.

El temor a lo desconocido radicaliza a la gente, las opiniones se polarizan a favor o en contra, se pierden los matices, las sutilidades y abandonando la gama de tonalidades, nos centramos exclusivamente en verlo todo blanco o negro. El malestar se apodera de las personas, aparece una sensación de desamparo, el caos aumenta y la capacidad para dar respuestas sensatas disminuye. La organización sufre, se debilita y se vuelve más vulnerable.

Los cambios se componen de una serie de hechos “objetivos”, pero las reacciones de los individuos son siempre “subjetivas”. El impacto del cambio depende de la percepción que cada uno hace de los hechos.

Los mayores enemigos de la creatividad y la innovación, factores en los que debería sustentarse todo proceso de cambio, son pensar que somos cómo somos, que así lo hemos hecho siempre y que es muy difícil o imposible hacer las cosas de otra forma. Nos encontramos con la resistencia a salir de nuestra zona de confort, la desorientación, las autolimitaciones, el miedo al error, el miedo al fracaso y el miedo al castigo. Parece más seguro quedarse quieto que intentar moverse.

No se pueden realizar cambios en las empresas, sin contar con las personas. Hemos de tener en cuenta que nuestra labor es transmitir una visión realista de las circunstancias y ayudar a asimilar el proceso, pero los afectados están sufriendo una “perdida” y que como tal existe un periodo de duelo, que hay que respetar y comprender.

Percibir los cambios como positivos es la primera premisa para reducir el impacto emocional que supone cualquier transformación. El pensamiento positivo se basa en la creencia de que el pensamiento cambia los sentimientos y nuestros sentimientos cambian nuestras acciones, mejorándolas. Nuestra forma de pensar, de sentir, de juzgar, modifica nuestra forma de actuar posibilitando o frenando cualquier cambio. Con un pensamiento positivo es más fácil conseguir los objetivos y lo que es más importante, disfrutar del camino.

Necesitamos creer que podemos cambiar las cosas, porque estamos en un punto en dónde ya no es posible seguir siendo lo que éramos, pero todavía no somos lo que deberíamos ser. Cuestionar las cosas que damos por hecho y hacernos nuevas preguntas, es una fuente de aprendizaje y de crecimiento intelectual. Cuantas veces nos preguntamos ¿Y si…..?.

Tenemos la tendencia a pensar que la innovación es algo externo a nosotros, un intangible misterioso que un día llegará de no se sabe dónde o que nos aportará de forma mágica la empresa. Sin embargo, la cultura de innovación, significa novedad o renovación y nada tiene que ver con investigaciones científicas, invenciones, ni mejoras tecnológicas, sino con tomar conciencia de que las personas son la savia de las organizaciones y que debemos aprender a gestionar sus “emociones y sentimientos”. No podemos seguir teniendo miedo al miedo.

Podemos empezar hoy mismo a mejorar la relación con nuestros colaboradores, tomando en cuenta 6 sencillas pautas, que no solo fomentarán el ambiente de cambio en nuestros equipos, sino que nos permitirán estar más contentos y satisfechos con nuestro propio trabajo:

1. Miremos a las personas que tenemos a nuestro alrededor. No son tan solo profesionales con una descripción de funciones, que sacan el trabajo adelante, son individuos con unas necesidades personales, preocupaciones, inquietudes y responsabilidades más allá del trabajo y que al igual que nosotros, tienen alegrías e ilusiones, pero también sienten miedo y frustración.

2. Escuchemos de verdad, con empatía, sin traer a la conversación nuestros prejuicios del pasado, sin juzgar, sin centrarnos en nuestra contestación antes de oír todo lo que tienen que decirnos. Así nos comprenderemos mejor, tomaremos en cuenta al otro mostrándole respeto, reforzaremos su confianza y nos posibilitará ser más objetivos en nuestras decisiones. Esto reducirá la tensión y el stress y facilitará la cohesión del equipo en un entorno, dónde la diferencia de criterios y la diversidad no supongan un conflicto, sino una oportunidad real de enriquecimiento.

3. Comuniquemos con claridad el mapa del trabajo, definiendo lo qué hay que hacer, cómo hacerlo, para cuando, con qué medios, lo que esperamos de cada uno, y lo que podemos aportarles nosotros. Demos feedback de cómo se están haciendo las cosas, agradezcamos el esfuerzo y reconozcamos las tareas bien hechas. No nos olvidemos de incluirles en nuestra sincera visión de futuro, creando un sueño compartido, escuchando sus propuestas y atendiendo a sus expectativas.

4. Reforcemos nuestra credibilidad, liderando con el ejemplo. “Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera”, decía Einstein. Aquello que esperamos que hagan nuestros colaboradores, hagámoslo primero nosotros para experimentar las dificultades en primera persona, mostrar que se puede y asentar la cultura de cambio y de mejora continua.

5. Cambiemos nuestro estilo de trabajo, pasando de la cultura del error, dónde buscamos “culpables” de las equivocaciones -¿Quién ha sido?-, a la cultura de la solución -¿Qué ha pasado?- y apoyándonos en el pensamiento divergente -¿Cómo lo solucionamos?- favorezcamos la aportación activa de ideas con la participación de todos, para llegar a un pensamiento creativo de búsqueda colectiva de alternativas y de soluciones.

6. Confiemos en nuestros colaboradores, potenciando la responsabilidad, la auto-estima, el crecimiento personal y el auto-liderazgo, elementos imprescindibles para la motivación intrínseca de las personas. Dejemos a un lado nuestro ego y reconozcamos su contribución con generosidad, considerándoles adultos que tienen mucho que aportar a nuestra organización, a veces con un punto de vista muy diferente al nuestro y no por eso, menos válido.

Los líderes disfrutaran así de una “nueva mirada” y serán los motores positivos del cambio, reforzando la confianza, estimulando el compromiso, fomentando la proactividad y generando emociones positivas en sus colaboradores, con aptitudes y actitudes que potencien la creatividad e innovación en su entorno cercano.

Esta será la verdadera ventaja competitiva de la Organización frente a la competencia porque entrenando a nuevos líderes, se estará realizando una verdadera transformación cultural en la Empresa.

“El viaje real hacia el descubrimiento tiene que ver más con tener nuevos ojos para apreciar, que con hallar nuevas tierras”

Marcel Proust

 

 

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