¿Estamos en paz con nosotros mismos?

Las herramientas tecnológicas se multiplican e Internet ha cambiado nuestras vidas revolucionado el panorama actual. Nos relacionamos con muchísimas más personas de las que nunca podremos conocer. Es imprescindible estar dentro de las principales redes sociales, ser popular y tener numerosos “followers”. Tienes que ser un referente e impactar con tu “personal branding”. Antes teníamos amigos, ahora conocemos a “networkers”.

Es innegable que la inteligencia de un grupo de personas es mayor que la inteligencia de un individuo y es interesante esta tendencia de opinión y reflexión pública que nos han aportado los blogs y otras herramientas de la era 2.0. Pero en esta época de transparencia radical, en la que se defiende la valentía de expresión y el “todo vale”, también nos vemos abrumados por ingentes cantidades de ego desmesurado. Nos hemos convertido en la estrella de nuestra propia obra de ficción en un escenario construido por nosotros mismos. Y si nosotros no somos los protagonistas, parece que no tenemos otra cosa que hacer que disfrutar, sufrir o juzgar la vida de los otros.

Dicen los expertos que en el futuro las redes sociales pueden llegar a sustituir al sitio web. Para ello la social media no debería ser un fin, sino un medio real de comunicación entre las personas, que potencie el entendimiento, la cooperación y la Inteligencia colectiva. Estamos en tiempos de smartphones, de tablets, del cloud computing, de la big data, de los monederos móviles, del content marketing, de la realidad aumentada, del social crowdsourcing y de la empresa social.

Es verdad que necesitamos una nueva actitud para enfrentarnos a la vida, a los cambios, a la complejidad, a los retos y a las dificultades, pero sobre todo para enfrentarnos a nosotros mismos.

Aprendamos primero a auto-gestionarnos con humildad, a comportarnos con generosidad, a aceptar la diferencia y a reconocer nuestras imperfecciones, para ser capaces de ofrecer respuestas válidas a las exigencias de las nuevas organizaciones y de una sociedad, ambas imperfectas también.

El cambio del mundo empieza por el cambio de uno mismo. Seguimos siendo lo que somos a pesar de la identidad de ese otro “yo” en la social media.

“Estoy en paz conmigo mismo, en medio de mis conflictos”, decía Henry Miller.

Mas nos vale intentar dejar huella en las personas que nos rodean y no olvidarnos de que ningún sistema informático, ni ninguna red social, pueden sustituir al contacto humano y a la riqueza de dos personas imaginando juntas frente a una taza de café.

 

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